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jueves, 2 de febrero de 2012

JESP: EMIGRATE IF YOU CAN!


Se equivoca el Sr. Rajoy. Antes que una posible huelga general lo que si que hay y cada vez más es una fuga de cerebros, fenómeno conocido internacionalmente como brain drain. A esta generación ya se le conoce como “Generación JESP” Jóvenes Emigrantes Sobradamente Preparados [muy en consonancia con el post de la sobrecualificación que escribí hace unos días]

Antes de debatir sobre las consecuencias de dicho fenómeno. Iré al grano para aquellos que están interesados en emigrar para buscar una oportunidad. Los requisitos para trabajar en el extranjero son dos fundamentalmente: idiomas y ganas. En cuanto al destino os recomendaría cualquiera de los BRICS, ya que son los que tienen mejores perspectivas de crecimiento para los próximos años en comparación con Europa. Aunque también adjuntaré los típicos destinos receptores. Tened en cuenta que a través de las Oficinas Comerciales del ICEX también podréis subir vuestro CV.



Lo primero de todo: los españoles debemos cambiar el chip respecto al concepto de emigración. Esta decisión no es un “drama” sino una oportunidad, una decisión de valentía propia de personas proactivas, que no se resignan ni conforman con la realidad que nos ha tocado vivir. Por eso, a todos aquellos que aún tienen dudas les animo desde aquí a que lo hagan sin miedo.

Respecto al análisis económico vayamos por partes.
  • A favor: la movilidad de la mano de obra permite aligerar la carga de las tasas de desempleo que tenemos actualmente, especialmente entre los jóvenes. De este modo ganaríamos tiempo a que las reformas que se hagan puedan modificar la estructura del mercado laboral sin tener que pagar un alto coste de desempleo durante el proceso de transición. 
  • En contra: el aspecto cualitativo de la formación de la gente que emigra/ inmigra incide en la evolución de la renta per cápita de un país. Los trabajadores con alta cualificación aumentan la productividad y por tanto la riqueza global del país aumentará y la renta per cápita también. Con un ejemplo numérico se visualiza perfectamente cómo cuando la inmigración es de calidad, la renta per cápita puede aumentar. Interpretado en sentido contrario, si es la gente cualificada la que deja el país, nuestra productividad crecerá menos.

1 nacional produce 10         Antes: 100 población = 1000 PIB = 10 p/c
1 inmigrante produce 5        Ahora: 200 población = 1500 PIB = 7,5 p/c
      (baja cualificación)                    (100 nacional + 100 inmigrantes)
1 inmigrante produce 12      Ahora: 200 población = 2200 PIB = 11 p/c
      (alta cualificación)                      (100 nacional + 100 inmigrantes)

  • La solución pasa por lo que se llama el Brain Exchange. Si conseguimos que los jóvenes españoles bien formados trabajen en el extranjero podremos formar canales de flujos de conocimiento bidireccionales, de esta forma también en España podríamos aprovecharnos de esta productividad. Provecho que de otra manera no sería posible porque con la alta tasa de desempleo que sufrimos probablemente dichos jóvenes aquí no tendrían ni trabajo. Con un horizonte más a medio plazo podrían implementarse políticas de Brain Return para poder repatriar parte del capital humano que sin duda volverá si cabe mejor formado, con una enriquecida experiencia y con una amplia red de contactos en el extranjero que permitirá perpetuar en cierto modo el Brain Exchange.

¿Qué actitud tomáis ante la perspectiva de emigrar? 
PRO o en CONTRA




Todo sobre los BRICS  (existen previsiones de crecimiento a la baja)

jueves, 26 de enero de 2012

TITULITIS? NO, GRACIAS


 
Con una tasa de paro como la actual 22,8% ¿Cuáles son las alternativas laborales para los futuros licenciados de 2012? Muchos de ellos os dirán: “Haré un master” Estoy totalmente a favor de un mayor conocimiento, eso siempre suma. El problema es que parece que ante la dificultad del acceso al mercado laboral los masters se han convertido en la llave de paso al mismo. Con esta idea es con la que discrepo por dos razones fundamentalmente:

-          La inequidad, para aquellos que no puedan costearse un master potente
-          La ineficiencia que entraña en ocasiones.

Antes de que alguien que esté leyendo este post se indigne, ¡dadme un poco de tiempo para seguir con mi argumentación! De acuerdo con el economista y Premio Nobel (2001) M. Spence para que una mayor formación sea rentable y se convierta en posibilidades de un mayor salario futuro debe cumplir dos cosas: que esta sea costosa (hablando en términos de esfuerzo, no pecuniarios) y que además sea más costosa para un peor trabajador que para el bueno.

La primera condición habla de la meritocracia y la segunda se refiere a la autoselección de los propios trabajadores. Por ejemplo: a una persona que se le den mal las matemáticas se autoselecciona decidiendo no estudiar una ingeniería. No porque no tenga capacidad para ello, sino porque si ya de por sí es una carrera difícil, a esa persona le costará mucho más esfuerzo y quizás más años sacarla. Lo más eficiente sería elegir la opción que mejor se adapta a su talento personal.

Por otro lado, más allá de la decisión personal del estudio, el problema real que existe en el mercado laboral es lo que se llama Información Asimétrica, estudiada por G. Akerlof, también Premio Nobel (2001). El empleador no sabe diferenciar entre un buen trabajador del malo. Por eso los títulos universitarios, de master, de idiomas, de cursos etc ejercen la importante labor de la señalización. Esta tarea es crucial para una buena asignación de recursos y que cada persona se dedique a lo que mejor sabe hacer. Pero si se desvirtúa nos encontramos con el paradójico problema de la sobrecualificación.

España es actualmente el país de la OCDE con la mayor tasa de sobrecualificación de empleados y esto si es un problema. Esta situación  crea frustración personal (el horrible ejemplo del barrendero licenciado) y es ineficiente porque si todos son licenciados al final este título no sirve para señalizar nada. Si el siguiente escalón es que todo el mundo tenga master nos encontraremos con el mismo problema. Al final llegaríamos al punto en el que tener un master ya no es que sume, sino que ¡resta el no tenerlo!

Pasaríamos entonces al escalón de la diferenciación entre masters y ahí es donde entra en juego la capacidad adquisitiva de cada uno (ya no cumplimos la primera condición de Spence: costoso en esfuerzo, ahora también lo es en dinero). Los masters con mejores conexiones con el mercado laboral son muy buenos y también muy caros. Evidentemente lo bueno se paga y normalmente hay correlación entre calidad y precio del master. Pero las empresas conocen este dilema ¿me estaré perdiendo buenos trabajadores porque no pueden costearse este master? y  por eso son ellas mismas las que se prestan en muchas ocasiones a costear el precio de estos súper masters. Con esto el primer problema de la inequidad quedaría resuelto. Las empresas tienen una visión de educación como inversión, pagar esa formación para sus trabajadores es rentable para ellas porque los convierte en más productivos. Además de esta forma también se terminaría con el problema de la sobrecualificación porque son las propias compañías las que dirigen a los trabajadores hacia las necesidades de formación que requieren y demandan las empresas.

Simplemente con cambiar el orden del estudio del master en lugar de hacerlo antes de trabajar, realizarlo mientras trabajamos, nos encontraríamos con una gestión de la educación mucho más racional.